Triunfo o equilibrio

Postigo

Por José García Sánchez

La oposición ganó los espacios que le permiten pensar que se creó la pluralidad donde afirmaban era el monopolio el poder, un poder sorberrepresentado y centralista, según su muy particular punto de vista. Desde luego que no se quedaran contentos con esos triunfos, pero si reducirá considerablemente su propósito de exportar la oposición a otros países para desgastar al actual gobierno y mantendrá ocupados a sus principales líderes.

De continuar con espacios restringidos la derecha seguirían tocando las puertas en la OEA y pagando espacios en diarios de Europa y Estados Unidos, la ociosidad que lo llevó a esas medidas desesperadas y antipatrióticas ahora no existirá aunque sí la intención de rescatar privilegios para unos pocos.

La oposición estará entretenida y tratando de demostrar que está a la altura de una sociedad politizada y un contrincante político que arrasó en las urnas dos veces seguidas en los últimos tres años, que puede competir no sólo en las urnas sino en la administración pública con un proyecto que todavía no acaba de entender ni Morena como partido político.

Tender puentes hacia agentes políticos extranjeros o foros internacionales para desestabilizar el gobierno seguirá siendo una tentación para la derecha, pero primero deberán reconocer que el proyecto organizado por Claudio X. González, descarriló. La inversión para intentarlo fue muy superior a los resultados obtenidos, y la política para ellos es un negocio. La búsqueda incansable por recuperar privilegios está lejos de satisfacerse.

Los espacios que ganó la oposición se ubican en cargos cuyos contendientes buscaron en el exterior desgastar al gobierno actual pero no buscaban el triunfo electoral, como es el caso de la gubernatura de Nuevo León. Es decir, el bache se tapa donde podían poncharse las llantas del carro de la 4T.

Los resultados obtenidos hacen énfasis en la pluralidad administrativa y fortalece los equilibrios políticos. No les da para más, aunque quieran disfrazar la hegemonía del partido en el poder de una derrota electoral, producto de un juego político poco claro y no muy limpio.

Lo cierto es que en algunos casos donde la oposición ganó, lo peor que les pudo haber sucedido es ganar las elecciones, sobre todo en lo que se refiere a las alcaldías de la capital del país, donde se enfrentará a una población con la que no están acostumbrados a convivir, sobre todo que tantos unos como otros saben que los triunfos de la alianza de derecha no fue muy legal y no porque haya ‘habido fraude electoral como tal, que no se descarta, sino porque las intimidaciones y campañas sucias del que es producto su triunfo.

La derecha tiene más de 24 años de no gobernar la ciudad de México, sobre todo en espacios como la alcaldía Cuauhtémoc que tiene la complejidad de un estado de la República. No basta con ganar, el reto será saber gobernar y para las características de esa circunscripción se necesitará mucho más que un triunfo en las urnas.

La oposición peleó como galán de película por una mujer que saben que no podrán hacer feliz. En eso no pensaron a la hora de generar fake news y descalificaciones cotidianas contra un ejercicio administrativo que definitivamente no saben realizar.

Ganar elecciones como un fin en sí mismo lleva a cometer errores que emplearán a mostrarse prácticamente desde el primer momento en que lleguen los imberbes funcionarios de la derecha en la ciudad de México y otros espacios que no conocen porque nunca han penetrado en las necesidades, inquietudes y forma de ser de una población, que tampoco sabe lo que le espera con esta gente.

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